MI ENFOQUE
Trabajo desde una mirada clínica amplia, que integra Gestalt de campo (Nueva York) y el modelo EMDR, orientada a ordenar la experiencia y recuperar dirección.
Para mí, el malestar psicológico no aparece porque una persona no sea apta, sino cuando queda desfasada de sí misma.
Muchas veces no se trata de “lo que pasó”, sino de nodos lógicos donde la experiencia quedó inconclusa y la energía empezó a repetirse o bloquearse.
Desde este lugar, el síntoma no es un error ni un enemigo, sino la vía por donde el proceso necesita hacerse.
Psicoterapia como proceso de individuación, maduración y construcción de sentido
No toda persona es un individuo diferenciado, consciente de sus elecciones y en contacto con su propia energía.
Muchas veces se sigue viviendo desde mandatos, lealtades invisibles o estructuras que parecen deseos, pero no se sostienen en el cuerpo.
La individuación implica dejar de vivir con energía ajena.
La maduración, aprender a dialogar de forma adulta con la realidad:
el cuerpo, los vínculos, el tiempo y los límites.
Cuando ese diálogo no se da, la energía se repite, el sentido se diluye
y la vida se vuelve más pesada de lo que debería.

Una mirada positiva, madura y alegre
Mi enfoque se apoya en una ética positiva,
no ingenua ni forzada.
Transformar no es “vibrar alto” para tapar conflictos,
sino hacer los procesos necesarios para que el bienestar sea orgánico y sostenible.
Si hay compromiso y proceso, lo que hoy parece imposible
puede ser simplemente un “no por ahora”.
Cuando el deseo es auténtico
y los nodos se integran,
la acción alineada aparece.

Un espacio para administrarte mejor
Me interesa acompañar a las personas
a recuperar administración sobre sí mismas:
su energía, sus decisiones y su dirección vital.
No para adaptarse a cualquier cosa,
sino para vivir con mayor coherencia,
claridad y vitalidad.
En un mundo acelerado y disperso,
lo esencial no tiene apuro.